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viernes, 14 de diciembre de 2012

GENEROSIDAD, VALOR HUMANO


Vale la pena promover y practicar el valor de la generosidad, hoy más que nunca en que sectores interesados en deshumanizarnos promueven la comodidad, el éxito personal y la riqueza material. Es importante que reconozcamos y valoremos en su justa dimensión a los seres humanos. Tenemos el deber de hacer una fuerte oposición al individualismo, al egoísmo, a la violencia y sembrarnos en el corazón la idea de que no hay nada, absolutamente nada con más valor que un ser humano. En tal sentido debemos entregarnos a la causa de los demás.
 
Los seres más generosos de toda la historia de la humanidad, son aquellos que han disfrutado la felicidad de entregarse a la causa de los demás. Los que han vivido para otros. Actualmente nos están imponiendo una apreciación perversa de la vida en sociedad. La única forma de vivir en sociedad, en comunidad, es conviviendo con los otros. La única forma de convivir con los otros es siendo generosos con ellos.  Pero ser generoso con los demás no es darle una jartura un día, o darle alguna facilidad en un momento, para mantenerlos esclavos toda una vida a nuestro servicio. Eso es oportunismo.
 
Ser generoso es vivir toda la vida al servicio de los demás. Una de las personas más infelices es aquella que vive para sí. Que todo lo centra en ella misma. La felicidad está en entregarse a su prójimo, sobre todo a aquellos que más sufren y que no tienen quien se duela por ellos. Los líderes políticos y todas las autoridades, antes de llegar a los puestos públicos deben dar muestras claras de generosidad y no de oportunismo como ya estamos acostumbrados. Ser generosos es vivir para los demás y muchas veces olvidarnos de nosotros mismos. Porque cuando vivimos para los demás nos encontramos a nosotros mismos en ellos.
 
Cuando nuestro mundo se centra en nosotros mismos, en nuestro yo, nos hacemos un gran daño. Afectamos a los demás, porque los estamos pisoteando, le pasamos por encima y nos estamos lastimando, pues a la larga nos quedamos solos. Los jóvenes dirigentes populares y políticos que pudieron sobrevivir a las dictaduras y persecuciones, solo le fue posible porque su pueblo los admiraba por su generosidad, sin embargo una persona altanera, parejera comparona, pocos le tienen aprecio. Ahí está la necesidad de ser generosos con los demás. Lo primero que necesitas para ser generoso es ser humilde, darte a querer.
  
Ser generoso es dar limosna a un niño de la calle? ¿Es invertir mi tiempo en obras de caridad? Depende con qué intención lo estás haciendo. Estamos cansados de ver aparecer grupos, ONGs, fundaciones sin fines de lucro, aparentemente muy generosas, que luego son utilizadas como mamotretos politiqueros para ascender económica o políticamente en la sociedad. La generosidad se observa en el trato a la familia, mostrando preocupación por la salud, por su vida. Luego por sus vecinos y finalmente por la patria en la que nos tocó vivir. Generosidad es pensar y actuar hacia los demás, hacia fuera. No hacia adentro. No puedo aparentar ser generoso con los más humildes, con el pueblo, mientras se me oxidan los millones en los bancos. Eso es imposible.

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