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jueves, 13 de diciembre de 2012

DIOS Y TRUJILLO


Desde el Regidor hasta el Síndico; desde el Ministro y el Congresista hasta el Presidente de la República, todos se manejan como si el Estado fuera su propiedad particular, de ellos y sus partidos. Por eso actúan como pichones de dictadores, intocables capaces de hacer y deshacer con los recursos del pueblo.
La Procuraduría General de la República recibió un documento con la firma de más de doce mil personas, reclamando la aplicación de las leyes antitrujillistas. Los trujillistas siempre han bajado estado en el poder y ahora están enquistados en todo el aparato estatal.
Nuestro país ha padecido de regímenes dictatoriales desde el gobierno de Pedro Santana, en 1844, con pocas excepciones y por episodios efímeros de la historia.
Las posiciones críticas son las que con mayor fuerza empujan los cambios. Los gobiernos dominicanos deberían dirigir políticas que promuevan la criticidad, ya que mejoraría calidad de su gestión. Si todos nos hacemos de la vista gorda, si todo se vale, al final seguiremos fracasando.
Pues aquí se promueve la censura. Se ocultan las informaciones, se persigue y asedia a los que protestan, se la ponen difícil a los que asumen una postura crítica. Se monopoliza la información con dádivas, botellas y nombramientos y hasta con la publicidad. No se conforman con los medios de difusión que poseen, sino que presionan y manipulan a los que tratan de ser pluralistas.
El trujillismo no es solo la silla eléctrica, la 40, el SIM o la prohibición de los partidos políticos. Ser trujillista es odiar a los que tienen ideas distintas, es violentar las leyes. Es ser intolerantes, es creer que el puesto público es propiedad particular, es oponerse violentamente a los cambios, es cerrarle el paso a la juventud y a las nuevas ideas.
En República Dominicana hay sectores que conspiran permanentemente contra los avances democráticos y están al acecho para, en cualquier momento, regresarnos al nefasto pasado.


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