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viernes, 25 de enero de 2013

NO A LA VIOLENCIA


Golpear, castigar, humillar o ridiculizar a un niño, es ya una cultura enraizada en la familia dominicana y lo hace con la más sana intención. Lo hace buscando siempre lo mejor para sus hijos y demás dependientes. Pone en práctica una cultura heredada de un legado histórico diseñado para reproducirse en cada acción.
Cuando revisamos la historia dominicana, nos damos cuenta que venimos de un pasado promotor de la violencia, el engaño, la imposición, la trampa y la traición. Las generaciones que habitamos hoy nuestro querido terruño, padecimos, vimos o participamos en miles y miles de acciones que generan violencia desde el vientre de nuestras madres.
Dictadores, tiranos, autócratas, mandones y machistas son algunas de las características del liderazgo que le ha correspondido conducir los destinos de la patria dominicana. A falta de argumentos, ha escogido la violencia y el terror como método de control de su liderazgo y poder.
Desde las instituciones religiosas y civiles, hasta las oficiales y militares, la ausencia de democracia, participación y posiciones críticas, ha sido la norma impuesta. La cultura del jefe autoritario que le gusta ser alagado y adulado es la nota común en este país.
Los jefes de familia, de organizaciones sociales o instituciones, una vez asumen el puesto, se convierten en faraones convencidos que si no actúan con métodos drásticos y violentos, no lograrán jamás ser respetados por los demás. Y de esta manera, todos aquellos que tengan la gallardía de asumir una postura crítica, rebelde o contraria a los dictámenes del faraón, recibirá el castigo ejemplar para que los demás nunca lo imiten. Lo acorralan, le niegan las oportunidades, lo discriminan y lo humillan, para que asuma la sumisión al jefe o termina amargado y frustrado.
Lo que hacen los padres ante sus hijos, es lo que hacen los jefes ante sus subalternos y así sigue la cadena de humillaciones. El que sigue en el orden jerárquico descendente, va descargando su impotencia en los que dirige y finalmente la sociedad entera está envuelta en una cultura violenta que genera crímenes, riñas, conflictos, delincuencia, suicidios, terror y frustración.
La tarea actual es luchar para romper con ese orden jurídico-político que envuelve nuestra sociedad en la violencia.

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