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viernes, 16 de marzo de 2012

PAZ, VALOR HUMANO


 
La paz es la energía, la fuerza pura que penetra en el caparazón del caos y por su propia naturaleza, automáticamente pone a las personas y las cosas en un orden equilibrado. El propio ser contiene un depósito de recursos vitales, uno de los cuales es la paz, que lo empujan al equilibrio, a la tranquilidad espiritual. Si la cualidad original del alma humana es la paz, entonces dejemos de buscarla fuera de nosotros. La paz está en ti.
 
El respeto al derecho ajeno es la paz. Entonces parece que la causa de la discordia, de los conflictos, de la violencia, ha sido el irrespeto a los derechos de los demás. Y parece que cuando empecemos a entender, a defender y a respetar los derechos de los que nos rodean, empezaremos a convivir en una sociedad con una cultura de paz. La diferencia de clases, la lucha entre los poderosos por preservar su poder contra las mayorías pobres por el bien de la justicia, es lo que destruye la paz en el mundo.

La paz no es un invento. No es un simulacro. Está compuesta y repleta de pensamientos, sentimientos puros y buenos deseos. Cuando las energías del pensamiento, de la palabra y de la acción están en equilibrio, estables y libres de violencia, la persona está en paz consigo misma, con sus relacionados y con el mundo. Estar en paz con uno mismo genera un ambiente de paz entre los que nos rodean.
Ejercitar el poder de la paz abarca el principio fundamental de la espiritualidad: mirar hacia adentro, a nuestro interior, partir de nosotros para después mirar hacia fuera con valor, determinación, amor y sinceridad. El primer paso en este proceso requiere un examen cuidadoso de nuestros propios pensamientos, sentimientos y motivaciones. Pero hay una poderosa fuerza que los empuja a atentar contra la paz, es el egoísmo, que los lleva solo pensar en sus riquezas personales y a olvidarse de sus hermanos.

Las familias tienen el sagrado deber de educar a sus miembros con prácticos ejemplos de paz. Debemos construir con cada una de nuestras acciones una cultura de paz, primero hacia nuestro interior y luego con la familia, el vecindario y con toda la humanidad. La mentira, el engaño y la traición a la patria son absolutamente enemigos de la paz.



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