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sábado, 26 de septiembre de 2015

HUMILDAD, VALOR HUMANO

El valor de la humildad ayuda a las personas a contener la necesidad de decir o hacer gala de sus virtudes. Una persona que vive la humildad hace el esfuerzo de escuchar y de aceptar a todos. Humildad es aceptar las cualidades con las que nacemos o desarrollamos, desde el cuerpo hasta las posesiones más preciadas. Si aprendemos a eliminar la arrogancia, reconocemos las capacidades físicas, intelectuales y emocionales de los demás. Por tanto, el signo de la grandeza es la humildad.

En la medida en que somos humildes, adquirimos grandeza en el corazón de los demás. Cuanto más humildes, mayores logros obtendremos. Pero para ser humildes, necesitamos ser realistas, conocernos a nosotros mismos tal como somos. La humildad es la conciencia que tenemos acerca de lo que somos, de nuestras fortalezas y debilidades como seres humanos, y que nos impide por lo tanto creernos superiores a los demás. Los que son humildes no se sobreestiman ni maltratan a los menos favorecidos que ellos, desde el punto de vista social, económico o de educación.

La humildad es condición indispensable para aprender cosas nuevas y superamos permanentemente en todos los aspectos, ya que gracias a ella tomamos conciencia de nuestra infinita pequeñez frente a la inmensidad del universo y la sabiduría de la naturaleza, así como a la de los conocimientos y experiencias atesorados por la humanidad a lo largo de su historia. Esta conciencia de nuestras limitaciones nos aleja de la soberbia y la vanidad de quienes viven como si fueran los dueños del mundo, como si lo supieran todo y nunca fueran a morir.

Los que actúan con humildad no permiten que "se les suban los humos" cuando obtienen algún triunfo, premio o distinción en los estudios o el trabajo. La inmensa satisfacción para ellos es el premio en sí, el haber logrado la meta propuesta. La soberbia es típica de las personas que no piensan más que en sí mismas y se creen mejores o superiores a otras.
Esta adoración de la propia excelencia no les permite ver ni apreciar las virtudes ajenas y las lleva a comportarse de forma altanera y arrogante con los demás.

La soberbia muchas veces es síntoma de debilidad o de inseguridad. Algunas personas adoptan actitudes soberbias para esconder su falta de conocimiento o su incapacidad para enfrentar ciertas situaciones. Es así como levantan una barrera para evitar que los demás vayan más allá y descubran sus puntos débiles. Únicamente reconocen lo asociado con su propio ego. No es de humildes mirar con desdén o menospreciar  a los que consideran inferiores porque tienen menos dinero o porque viven en barrios y campos, o porque sean extranjeros, lo que les permite tener menos posibilidades de estar a la moda, o estudiar en reconocidos colegios y universidades. Ser humildes es aspirar a no ser más que seres humanos. 

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