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viernes, 2 de diciembre de 2011

LA PULCRITUD

Todos los días, los demás puede ver parte de nuestra personalidad y costumbres a través de nuestro arreglo personal, el esmero para trabajar, el cuidado al utilizar las cosas y en general, por la limpieza que procuramos mantener en nuestra vivienda y lugar de trabajo. Báñese, organícese, alíñese, exhiba una buena presentación. Elimine los malos olores, vista ropa limpia aunque sea vieja. Piense y organice lo que va a decir. Sea una persona pulcra en todos los sentidos.

Cuando vamos a solicitar un empleo, dar una vuelta en el parque o asistir a una reunión de negocios o un evento relevante, nos preocupamos por dejar una buena impresión en las personas: elegimos con cuidado nuestra vestimenta, peinamos nuestro cabello al detalle, nos organizamos con todo el cuidado. Pero ¿por qué solo para algunas ocasiones? Debemos ser pulcros siempre. Y no solo por impresionar a los demás, sino porque es mejor para nuestra salud y mejoramos mucho más las relaciones con nuestros amigos.

A veces nos descuidamos extremadamente en nuestra forma de vestir, en nuestra vivienda, nuestras pertenencias. Debemos crear una cultura del orden y la limpieza. Una cultura de limpieza y organización en la forma de hablar, en la forma de actuar, en la forma de relacionarnos con los demás. En la forma de responder ante los compromisos contraídos. Hay que hacer de la pulcritud una bandera. Desde el momento en que los demás te perciben como una persona pulcra, empiezan ellos a seguir tu ejemplo.

El orden, la disciplina, la perseverancia y la congruencia, son valores que se complementan con el ejercicio de la pulcritud, porque dejamos de presentar una personalidad ficticia y de apariencias, para convertirlo en un modo de vida que demuestra educación, cultura y buenos modales. Los buenos modales que te definen como una persona pulcra te alejan de los vicios y de las personas que los practican. Esas modas ridículas te alejan cada vez más de la pulcritud. Debes luchar por ser tu, tener tu propia personalidad, con buenos modales y sello propio.

Quizá lo primero que pasa por tu mente acerca sobre la pulcritud es el arreglo personal: ropa limpia y sin arrugas, rasurado, la selección del maquillaje y zapatos bien lustrados, en una palabra: perfectamente aseados. Esto influye mucho en tu personalidad, pero recuerda que tu responsabilidad en tu forma de actuar, en el trabajo; tu forma de ser habla sola de ti. Recuerda también que los tatuajes, las modas, las prendas, además de que te alejan de la pulcritud, tienen un mensaje, un sello impreso, que muchas veces te abre la puerta a la perversión. Procura saber qué imágenes, que símbolos exhibes en tu cuerpo cuando vistes. No sea que digan lo contrario a lo que son tus deseos.

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